jueves, 2 de agosto de 2012

Epístola a los lectores de Wilde. Por yo mismo, Sir Alfred Douglas “Bosie”

Aquí se puede leer la carta a la que responde Bosie:

Es mi deber de caballero dar pública respuesta a su impúdica carta que, por cierto, al haberla enviado abierta me ahorra el engorro de violar la privacidad del sobre y, además, me impide venderla a traficantes de intimidades, algo, esto último, que difícilmente podré perdonar, y usted, sin duda poseedor de un corazón de oro, comprenderá en cuanto le diga, como le digo, que mi situación económica, por razones que no vienen al caso (hay en el mundo una serie de gente perversa que se inventa infamias con las que me chantajean; y no sólo eso: también hay gente en este planeta de los simios que se niega a ayudar, con banquetes, viajes y regalos de lo más sofisticados, a un pobre de solemnidad como este que ahora escribe); y sigo y le digo que mi situación pecuniaria es paupérrima, y no es de bien nacidos tener tanto oro como usted y andar quitándole a los demás la posibilidad de ganarse honestamente no ya el pan, sino el caviar y los favores de ciertos efebos de tez aceitunada.


  
Deseo declarar que no se me escapa su manifiesta mala intención contra mí. Con la disculpa de enmendarle la plana a Oscar por aquella misiva pesada, repetitiva y más propia de un contable que de un poeta, a lo tonto y sin querer el epíteto más suave que me endosa es el de sinvergüenza… ¿No le da vergüenza a usted ser tan torpe como para caer en manos de mis abogados? Usted no escribe una carta, sino un libelo para desprestigiarme. (La próxima vez, le recomiendo el chantaje, en serio).

Ha de saber, crédulo don, que yo siempre he sido un hombre más que claro, transparente, un auténtico ser de honestidad. Ya ve, mi virtud es mi defecto: no sé mentir ni disimular. ¿Acaso no advirtieron a Oscar de que se alejase de mí desde el primer momento? Ah, pero él era débil, muy débil ante la belleza. Y yo, qué quiere que le diga, soy lo más hermoso que ha visto este miserable pedrusco desde la desaparición de Alcibíades. Y Oscar no era Sócrates; y lo digo por la cuestión filosófica, no por la de la bella apariencia, cuya ausencia sin duda los parangonaba.

¿Qué quiere que le haga? A mí me gusta vivir, y, para mí, vivir sólo tiene un significado: vivir bien. ¿Qué otro escritor dijo aquello de que “Egoísta es todo el que no piensa en mí”? Oscar me tachaba de inculto. Ya ve que no lo soy: la frasecita, la habrá reconocido, es de Gide, ese francesito que también cayó rendido a mis encantos. Pues bien, los años de cárcel de Wilde son un cuento de risa comparados con toda mi vida. ¿Entiende? TODA MI VIDA. Porque he estado rodeado, desde siempre y para siempre, de impotentes e inválidos egoístas. Yo soy hermoso, yo quiero vivir bien, yo lo digo, jamás lo niego, y actúo con la coherencia de un hegeliano. Y mientras Wilde habla de la belleza, yo soy la belleza. ¿Y qué es la belleza? El campo gravitatorio del hombre. No un agujero negro, no; se lo digo porque imagino qué está pensando.

Pero usted eso sí lo ha expresado de forma dórica: yo le di la vida, el placer y la ilusión a Oscar. ¿Y acaso en esta vida no tiene todo un precio? ¿Y acaso se puede querer tener un pequeño y diabólico amorcillo con impunidad? Oscar era tan moral que terminó echándome las cuentas de cuánto se había gastado en mí, de cuánto tiempo me había dedicado, de cuántos momentos yo lo había descuidado a él. ¡Miserable actitud, típica de todo moralista! ¿Y para qué? Pues para hacerme sufrir. Los débiles son vengativos, créame, y Oscar era débil y se vengó con sus propias monedas. Bonito amor susceptible de ser puesto en una balanza, ¿eh? ¡Qué judiada propia del shakespeariano Yorick!

Así que no repita eso de que yo arruiné en cuerpo y alma y monedero a Wilde. ¿Sabe quién soy yo? Se lo diré. Yo soy el mismísimo Oscar, lo más íntimo de Oscar, la materialización de sus deseos. Y, mala suerte, él parecía desconocer el dicho vikingo: “A tu enemigo deséale la realización de sus deseos”. Yo era su espejo, y todo espejo es un Narciso que se contempla a sí mismo. Y si contemplas durante mucho tiempo a Narciso, quedas atrapado en tu propio reflejo. Oscar fue un Dorian Gray de pacotilla, un culto que para hablar de Cristo plagiaba las tonterías de Renan, un transgresor con la educación de una catequista. Yo se lo di todo. Dígame, ¿cuánto cuesta todo?

Me despido sin más. Estoy cansado: me están haciendo la manicura y se me está durmiendo el brazo mientras dicto estas palabras a mi joven secretario argelino.

Tendrá noticias – de mi abogado.


Su despistado detractor,

Bosie

P.D. 1: Si no le importa, le envío la presente a cobro revertido.

P. D. 2: Dejen de leer a Wilde. Mis obras son, con toda modestia, infinitamente mejores.

martes, 24 de julio de 2012

INSECTO PALITO



El insecto palito cayó víctima de su éxito. Fino, elegante, mimético, el insecto palito no solo estaba en boca de niños y viejos, sino que fue googleado a discreción. Y esto, para quien se confunde con una nonada, termina por convertirse en una catástrofe: se volvió vanidoso y ya no quiso parecerse, sin más ni el menor esfuerzo, a un trocito de ramita, y se empeñó en imitar nuevas formas y maneras.


[Insecto palito en boca de todos]

Al estar en boca de todos, el insecto palito adornaba, orgulloso de sus metamorfosis, los rostros de hombres y mujeres, y no era poco curioso ver por la calle a la gente con su insecto palito en la cara, bien en forma de labios, bien en forma de lengua o dientes, y cuando alguien hablaba, el insecto palito se convertía en una mantis atea que devoraba el sentido de las palabras. Fue así como poco a poco se impuso el silencio del ruido, y ya nadie quería decir nada, así que desaparecieron los labios, la lengua y los dientes, y el insecto palito dejó de estar en boca de todos.


[Insecto palito googleado]

Se refugió en Internet y allí fue googleado hasta la saciedad: el insecto palito, entonces, se recreaba en apariencias cóncavas y convexas, en dérmicas esferas y cutáneos conos, hasta el punto de monopolizar y saturar la Red con su proteica variabilidad, lo que desembocó en una querella por lo judicial que quedó resuelta por la vía comercial.


[Insecto palito por Wassup]

Sí, el insecto palito tuvo que abandonar los buscadores, pero, a cambio, podía ser enviado por Wassup.


[Insecto palito coltán]

Sin embargo, y a pesar de lo ufano que se sentía el insecto palito en lo que él creía su prestigiosa escalada tecnológica, la vanagloria lo redujo a coltán, y ahora el insecto palito padece una continua guerra que le hace añorar la anonadada paz de su sencillo parecerse a un trocito de ramita.

sábado, 14 de julio de 2012

4. El culo del niño zangolotino


  Este zangolotino tiene un culo pantuflero y señorial, y no se lo puede quitar de encima, muy a su pesar.


[He aquí un zangolotino robótico y un culo virtual. Fuente: http://mividainsustancial.blogspot.com.es/2007_12_01_archive.html]

  Es un culo canoso y el retinte no lo puede evitar.
  Es un culo de molicie y la bicicleta estática no lo puede agilizar.
  El culo del niño zangolotino es la carpa de un circo en cuya pista central tiene lugar el largo número del aburrimiento: un número, como todos, inagotable cuando se le descuartiza: el tiempo medido en experiencias pone ante el niño zangolotino un cero culón. Y el tiempo se acaba: y el culo que en sus mejores días reposaba en el placer tibio de los bien planchados pantalones de pana, desde hace un par de meses se desvive y amenaza con convertirse en un peso pesado y muerto. Ya no será, este culo, fuente imantada, sino piedra podrida.
  Por eso ahora se da prisa. Y con las prisas olvida que su culo es abandonada nariz de payaso, desagradable culo de babosa, ridículo cacho de carne fláccida que ninguna calipigia querrá tocar.
  ¡Pobre niño zangolotino! ¡Cómo no compadecernos de su ridículo! Nos gustaría ayudarle. Nos gustaría presentarle a una tía solterona que tenemos en el pueblo. Pero el niño zangolotino aprieta el culo ante la callosidad de nuestra propuesta. ¡Él tiende a la crema vivificante y elixir de la juventud! ¡Toda su vida ha sido ejemplar y ahora quiere ser Don Zangolotino! Y no por egoísmo, no, sino por sacrificado. Y no por perverso, no, sino por buen padre y mejor marido. Y no por muerto de asco, no, sino por vivito y coleante culo ateo de repente (ya se sabe que el pene es ateo de nacimiento, ¡pero qué melancolías no esconde el claustro de un culo descreído!); sin más fe que la fe en el gusto del culo hoy y en el estreñimiento de mañana.
  ¡Niño zangolotino! ¡A tu edad! ¿Qué has hecho de tu vida, tonto de ti? ¿A dónde vas ahora, que ya no gustas a las que te gustan?



  ¿Por qué sales a estas horas, si no fumas y el tabaco es caro y perjudica gravemente la calidad del semen? ¿Ya no te acuerdas de que tu esposa tiene lumbago crónico y está indefensa en su obesidad, luego no puede vengarse? ¿Ya no te acuerdas, ¡villano!, de cómo esa santa dejaba que casi te corrieras en su cara, hace mucho, cuando cumplías años? ¿Y así se lo pagas, lujurioso buscador de emociones? ¿Y no te acuerdas tampoco de lo de ayer mismo, cuando te volviste translúcido al atravesar, ¡qué pillín!, aquel rebaño de colegialas? ¡Sal en pos de la inmortalidad! ¡Ahora eres un vampiro y necesitas sangre fresca!
  Todo te lo perdonamos, sin embargo, porque te entendemos. Entendemos que lo más importante es vivir la vida con intensidad, ¡sí! Entendemos que habías sido víctima de la catacúmbica tradición. ¡No! ¡Libérate al fin! ¡Aún eres joven! Tu culo (hemos exagerado) no es tan pantuflero ni babosil. ¡No! Tú no eres un viejo verde: lo que pasa es que el camino de la tradición te hizo agotar las posibilidades de tu centro de trabajo, ¡y qué desvencijadas posibilidades eran, a la par que imposibles para ti!; y pasa también que se te ha dado por leer a Houellebecq, y entender no lo has entendido muy bien, claro, ¡pero qué imágenes, qué de conejitas, y tu culo agazapado!
  Es un culo desesperado. ¡Libertad!
  Es un culo preesclerótico. ¡Vida!
  Es un culo amanerado, caballeresco y pelota. ¡Qué se le va a hacer!
  El culo del niño zangolotino, y esto lo salva, es de todo menos zangolotino.


FENÓMENO MAÑO



Pareja mayor, de unos sesenta años, sentada en una mesa próxima del restaurante de playa. Ambos son menudos. Ella con moderna camisa blanca y falda marrón con cinturón de piedrecitas. Un tanto demasiado moderna, quizás. Él con pelo y bigote muy negros y bastante calvo. Un matrimonio ordinario, pasan inadvertidos.

De pronto suena un móvil a todo volumen con música verbenera. No puede ser suyo, pienso, parecen discretos. Error. Responde ella, y a pleno pulmón, audible por todo el pueblo: ¿Qué YA ESTÁS AQUÍÍÍÍÍÍ?! ¿DÓNDE? ¿PERO DÓNDE ESTÁS, SOBRINO? CLARO, CLARO QUE SÍ. ESTAMOS AQUÍ EN UN VELADOR. ¡PERO QUÉ PRONTO HAS LLEGADO!!!! ¿SE HA ADELANTADO EL AUTOBÚS? ¡QUÉ ALEGRÍA MÁS GRANDE! ESPERA, ESPERA, QUE VA EL TÍO FERNANDO A POR TI. NO TE MUEVAS DE AHÍ. ¡TÚ ESPERA!

Fernando se va presuroso, pero antes pide a su mujer que hable un poquito más bajo. Ella sigue al teléfono, embriagada por la emoción. Pasados unos minutos cuelga y aparecen tío y sobrino.


¡Y COMIENZA LA FIESTA! ¡Qué derroche de entusiasmo, de alegría, de abrazos y preguntas, qué ir y venir, sentarse y volverse a levantar, juntos o a pares, o uno u otro, y el perrito Yorkshire, excitado, que no sabe a quién mirar, y la maleta roja, grandota, de acá para allá, también alborotada, no sabe dónde ponerse, y el ordenador del muchacho en su maletín va y viene por la mesa, y venga besos y efusiones, y más abrazos y recuerdos-de!!

Han llenado el escenario, son únicos, incomparables. Los ocupantes de todas las demás mesas, personajes secundarios, no podemos más que admirar aquel derroche de auténtica dicha lanzada al aire a borbotones.

Y ahora es el tío Fernando quien habla por teléfono, probablemente con los padres del adolescente, ¡aún más alto que su señora! Y el sobrino, alegre, risueño, inocente, parlanchín, tampoco calla. Todos hablan a la vez, se interrumpen, se ríen, se preguntan, no escuchan y vuelven a preguntar. Que si aquí hay internet 3D, que si el móvil de 300 euros, que si el azúcar que mi madre me ha dicho que coja para evitar mareos, que… ¡¡¡PERO SI HEMOS VENIDO PA VEEEEEEEEEEEEEETE!!! (¡así, sin “r”!), ¡¡QUESTO NO ES EL PUEBLO DEL PIRINEEEEEEEEEEEEO!!, interrumpe el tío Fernando a voces. Y la tía se levanta y besuquea al zagal, y le atusa el pelo, y revolotea alrededor de la mesa seguida por el perrito (con grave riesgo de morir aplastado en un súbito giro de ella).


¡Qué desvarío! El público, nosotros, entregados, ellos magníficos en su papel. Heidegger, los griegos, lo real, lo posible, cualquier tema de conversación anterior, está de más. El espectáculo es arrebatador, insuperable.

La camarera (y dueña del local) se acerca vacilante. Incluso ella, normalmente altanera y hosca, siente que está de más. Piden agua para el muchacho, pagan y (¡nooooooooo!) deciden que es hora de marchar. El niño tiene que descansar del viaje antes de cenar.

Se reinicia el trajín desaforado, el movimiento descontrolado de maleta, las carreras del perro, el salimos-por-aquí, no-no-por-allí, incesantes idas y venidas. Y finalmente se alejan parloteando alegremente.

El público, desolado, se siente tentado de seguirles. Sabe que la función no ha terminado, que actores y escenario siguen en otro lugar.  Tanta emoción nos ha dejado exhaustos. Hemos quedado impregnados de aquella risueña tropa y la atmósfera que han creado y sólo de ellos podemos hablar, del ciclón maño.

Flaubert, ¿dónde estabas, Flaubert?!




jueves, 12 de julio de 2012

BUTT CONTEST (3)

Who painted these buns? Can you name the picture?



Post your guess!
You can see the correct answer in the next issue of our BUTT CONTEST.

And here is the answer to our previous issue: Study from the Human Bodyby Francis Bacon.


It was painted in 1949 and can be seen at the National Gallery of Victoria, Melbourne.




sábado, 7 de julio de 2012

PRISONS. Oscar Wilde


ELLMANN, Richard. Oscar Wilde. London: Penguin Books, 1987.                          
                        
We can but highly recommend a magnificent biography of Oscar Wilde by the author of other excellent biographies, such as Joyce’s: Oscar Wilde, by Richard Ellmann. Ellmann offers us his profound knowledge of Wilde with the utmost credibility, unaffected by his obvious devotion towards the writer and the person. The riches and precision of the vocabulary that he employs and the vast array of facts about Wilde’s work and life give the reader a sensation of following Wilde and even being an observer of his contradictions, delights, afflictions, and, what’s more important, of his development as a human being.

Ellmann starts every chapter with a quotation of Wilde’s words and after that provides us with a thorough display of details of his writings, life, relations, joys, and misfortunes. Under this light we confirm what we could glimpse when reading every one of his books, that Wilde was pure excess, just like life, and he could not be stopped by morals, even though these could (and did) crush him. “Though he offered himself as an apostle of pleasure, his created work contains much pain” (p. xiv).


[Oscar Wilde. Picture taken from http://www.quotezuki.com/author/oscar-wilde/page3]

He was the best company, witty and an unequalled conversationalist, always generous with his guests and acquaintances, lovers or even strangers. He didn’t receive the same token when he was accused of immorality and sent to prison. Most of his friends abandoned him and refused to help, and the few years he lived after being in jail he was ruined. He died in exile accompanied only by a couple of friends, Reggie Turner and especially Robert Ross, who never left him. His personality and his intelligence were not fit for the times, which were but rigid and hypocritical, and nothing was more alien to Wilde, whose passion for life was endless and could not possibly be hidden.

Life or art, what comes first? Both were irresistible for Wilde, but there can be no doubt when knowing him in such depth as Ellmann does: Life is generosity and splendor, but it comes second, as it can only imitate art, and only the latter can come near perfection and is a mirror to life. Art is the true creator, and only creators can shape life. This explains why Wilde was so careful with every detail, every word he chose, every garment he wore, his hair, his surroundings, his home and its decoration, etc. Everything had to be perfect, a work of art, for life deserves no less. Morality is only a constraint and limits the creator. Only intelligence and taste can prevail. That’s why he never confined himself to one specific faith or group (he played with the idea of becoming a Christian and joined masonry at the same time!). Why not taste them all? He had to be sent to prison by the society that he had exposed to put limits to his passion for life, and that killed him. We can imagine the suffering of such sensibility imprisoned. No blue china, no champagne, no books, no words, no air. A man of his delicacy could not survive the lack of beauty and the fetid air of jail. His purity was suicidal.


Alfred Douglas, "Bosie"

“Essentially Wilde was conducting, in the most civilized way, an anatomy of his society, and a radical reconsideration of its ethics. He knew all the secrets and could expose all the pretense. Along with Blake and Nietzsche, he was proposing that good and evil are not what they seem, that moral tabs cannot cope with the complexity of behavior. His greatness as a writer is partly the result of the enlargement of sympathy which he demanded for society’s victims” (p. xiv). “We inherit his struggle to achieve supreme fictions in art, to associate art with social change, to bring together individual and social impulse, to save what is eccentric and singular from being sanitized and standardized, to replace a morality of severity by one of sympathy” (p. 553).

Wilde, we dare add, couldn’t possibly have had a more appropriate name and definitely honoured it, as Ellmann’s biography depicts with such precision and elegance.

domingo, 27 de mayo de 2012

WHO IS WHO????


Have a try!!!! Who is Joseph Roth[1] and who is Emanuel Lasker[2]?



[2] Image atribution: Bundesarchiv, Bild 102-00457 / CC-BY-SA

martes, 22 de mayo de 2012

3. El culo de tu mujer


  Amigo, permíteme esta pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que te fijaste en el culo de tu mujer? Sí, ya sé que lleváis muchos años casados, uno, o dos, ¡o incluso más!; y sé qué estás pensando: apesadumbrado, le hablas al culo de tu mujer, y le dices: “Has cambiado… No eres el mismo que conocí…”. Está bien: el culo de tu mujer ha perdido firmeza y ha ganado en volumen; ya no es coqueto y pizpireto; ha trocado su respingona suavidad por el acolchonamiento de un puf con piel de naranja. ¡Pregúntate si tu mirada no es superficial!




  Dices en voz baja que de todas formas algo grande tiene el culo de tu mujer: te ha arrojado al mundo infinito de los culos de otras mujeres, segundo peldaño de la teoría socrática sobre el amor a los culos. Y no puedo dejar de reconocer el valor de esa obra descomunal que expone a tu diminuto ser a un horizonte de placeres inalcanzables. Pero ese generoso acto, fíjate, te aleja del culo de tu mujer, ¡y no se lo merece: ella no lo haría, tal vez!
  No, no se lo merece. Ya no lo miras, ya no lo ves (salvo cuando se sienta, sin darse cuenta, encima del mando a distancia de la tele), y eso debería ponerte sobre la pista de la esencia de ese culo: el misterio. Porque precisamente cuando algo cae en el olvido y desaparece de la vista es el momento en el que se revela como desconocido: aquello que en paradójica relación fraktal contigo está en tu vida y te acoge con la única felicidad posible de lo ignoto. (¿Qué te parece!).
  Así es: el templo sagrado en el más sombrío claro del bosque cerrado, jamás ha tenido puerta, ese himen para Catulos llorosos apoyados en las jambas, siempre o roto o pétreo, siempre algún día inhóspito, perdido, ajado como flor despetalada, infiel por naturaleza fugaz, puerta vengativa que nada tiene que ver con la hospitalidad de lo permanentemente abierto, nunca exclusivo y, por lo tanto, ajeno a la retórica celosa de los pronombres posesivos.



[¿Pero recuerdas o no cómo era el culo de tu mujer? Ah, no que esta no es tu mujer… http://ridiculouslybeautiful.tumblr.com/]

  Míralo ahora de nuevo, penetra su esencia. ¡Culo o templo y ara de la libertad! Pues este dichoso nicho sin la vanidad de las membranas te comunica con tu soledad, con la nada de las cosas, con la metafísica de la esterilidad; y, así, puedes abandonar a dioses y especies y resolver otro misterio: el de la creación, el del ser que es: pues no hay creación, sino sólo nada; no hay ser, sino sólo un hueco en el que tu semen cae en el olvido de la metáfora del mundo visto sin la engañosa vanidad del destructor, mecanismo óptico de la vida para perpetuarse, como un espejismo, en el sorites y la aporía de la generación. Míralo sin superficie, asómate a su íntima desnudez y descubrirás su alma y que carece de la posibilidad de la traición. ¡Cuánto tiene que aprender de él el coño!
  Y por todo esto, nada nos puede parecer más triste que el hombre que ya no venera, que ya no ve el culo de su esposa, y que, además, nunca ha conocido su alma, esta sí verdaderamente bíblica: Sodoma y babilónica.

domingo, 22 de abril de 2012

¿¿¿¿KAFKA EN PARÍS????

Pues sí, por si no teníamos bastante con un americano en la corte del Rey Arturo, otro en París, un inglés en Nueva York e incluso al mismísimo Tarzán en la ciudad de los rascacielos, henos ante Kafka en París.


 [Tarzán en Nueva York. Paradigma de paradojas. ¿Se imaginan que además fuese gallego?]

Porque, en efecto, allí estuvo en dos ocasiones, en octubre de 1910 y en agosto de 1911, la primera vez en compañía de los hermanos Brod y en 1911 solo con Max. Hay pruebas, damas y caballeros. En los diarios de viaje de agosto-septiembre de 1911, durante su segunda visita a la Ciudad de la Luz Kafka recuerda la primera: “Recuerdo del retrete amenazado por el tráfico delante de Saint Roche en París”[1].

Esto del tráfico le chiflaba bastante. Gracias a eso tenemos la entrada del lunes 11 de septiembre de 1911 en la que describe el accidente, del que fue testigo, entre un automovilista y un triciclo. Esta entrada del diario vale por un cuento de Kafka, lo que una vez más nos hace pensar que el creador se limita a observar, y que aunque Kafka hable de retretes lo hará de manera genial, pues para él la atención era la religión del hombre.

[París, burdeles racionales, la comedia francesa, la Torre Infiel… ¡Y las orejas de Kafka! Un tema de escándalo]

Pero, en fin, al grano. A Kafka le chiflaban los automóviles, los aeroplanos, las motos, el cine y también las barcas de remos, las granjas y hacer fotos a sus hermanas desnudas mientras hacían saludables ejercicios naturistas. Y le gustan las cándidas jovencitas y las prostitutas gordinflonas. Es decir, en principio parece que con tanta polivalencia gustativa Kafka sería un habitante ideal de París. ¿Pero ustedes se lo imaginan? Yo, sí: visitando el Louvre cuando habían robado la Mona Lisa el 21 de agosto de 1911. No podía ser de otra manera.


 [La Mona Lisa de Duchamp. No, esta no la robaron, lo sé. Pero ¿acaso no está mona?]

Y es que llega un momento en el que uno ya no sabe qué es realidad y qué es sueño, porque Kafka soñó, más tarde, que se quedaba a vivir en París. E incluso se soñó en Nueva York, en El desaparecido, ante una Estatua de la Libertad con una espada por antorcha en la mano. Pero es que incluso es difícil imaginarlo en Berlín, salvo como cadáver. Y quizás verlo en París sea incluso menos complicado que verlo de camarero en Israel en un restaurante que regenta junto a Dora, cocinera que no sabía cocinar.

En conclusión, con Kafka todo era posible. Y todo lo contrario.


[1] KAFKA, Franz. Diarios. Barcelona: DeBolsillo, 2006, p. 583, traducción de Joan Parra y Andrés Sánchez Pascual.

sábado, 14 de abril de 2012

BUTT CONTEST (2)

Who painted these buns? Can you name the picture?


Post your guess!
You can see the correct answer in the next issue of our BUTT CONTEST.

And here is the answer to our previous issueThe Rokeby Venus, by Diego Velázquez.


 Also known as The Toilet of Venus, Venus at her Mirror, Venus and Cupid or, in Spanish, La Venus del espejo, it was painted between 1647 and 1651. Its main precedents are Giorgione's Sleeping Venus and Titian's Venus of Urbino. It can be seen at the National Gallery in London. 



sábado, 7 de abril de 2012

LA VITA È BELLA. LIVE IT!


Who would have thought of it! Who would have imagined just a hundred years ago that one could “buy” an experience? Times change, that’s for sure. Ask Kafka, Balzac, Flaubert… wouldn’t they have loved to live it! Mankind progresses, improves every minute. Today things are accessible for everyone, more easily available, new products are created, wrapped up in the most appealing packaging, ready to take home and enjoy. Just open the pretty tin box and there it is! All your dreams, your desires and expectations! All in a tiny little box: love, happiness, enjoyment, relaxation, health, beauty, calm, youth… Everything is possible, easy, friendly, cozy. One feels protected, hustle-free. Satisfaction is guaranteed!

  
But that’s not all, my friend. Just open your eyes, be alert. Don’t miss a thing!
The good things in life come in a little bottle, like the best perfume, or the finest wine…
All you have to do is go to your nearest supermarket, or even better than that, go to your bank!

martes, 3 de abril de 2012

2. El culo del poeta laureado


  La anécdota es al narrar lo que el forúnculo al culo, una extrañeza improcedente en la redundancia, una creación inexistente donde se abre el área del sí mismo. Pero, bueno, ¿no nos hace más humanos un forúnculo que un logaritmo neperiano o la Fenomenología del Espíritu? Prueba a bajar a la frutería del barrio y habla del papel del infinito en las matemáticas o en la filosofía: esos seres humanos, humanísimos, esas naturalezas cálidas y tiernas no te lo agradecerán tanto como si te desmarcas del silencio con la anécdota de un forúnculo avieso que ayer te ha jugado la mala pasada de despertar en tu culo. En este último caso, las buenas gentes lo acogerán con la compasión y el cariño, con las opiniones y la experiencia de lo que está entrañablemente arraigado en lo más profundo de sus vidas, pues se preocupan de que la paz y la salud reinen en todo culo de vecino.
  Así que toca anécdota, porque lo humano nos conmueve como el balanceo de la cuna al blando culo del futuro hombre. Y no puedo evitar narrar, además, la anécdota de uno de los culos más sencillos e ignotos por parte de los usuarios de fruterías de barrio. ¡Devolvámosles su humanidad centuplicada de culos! ¡Enriquezcamos con culos sin forúnculos ni infinitos su anecdotario cotidiano!


[Empieza la historia de un Sísifo que también va de culo]

  Érase una vez un poeta de pueblo y para el pueblo, un poeta popular sin demagogias, un vate de cuyo culo, común y corriente y a un váter pegado, salían los más cagarruteros versos dedicados a las boñigas de los campos y las primeras heces de la parturienta. Un poeta claro y distinto en una provinciana ciudad de provincias que trabajaba y oraba amparado por las musas y una paga vitalicia por incapacidad laboral permanente que le había gestionado su cuñado, sindicalista liberado de todo prejuicio y moralidad.
  Tuvo la mala fortuna este poeta de nacer de culo y de ir de culo por la vida, pues no eran reconocidas sus obras por los subsidios consistoriales. He de decirlo: había en el Ayuntamiento un edil ayuntado a la zafiedad, tan humana, de no poner el erario público al servicio de tan preclaros y limpios culos como el de nuestro poeta, que languidecía sin erario ni público en un discurso enmudecido por la salvaje indiferencia del concejal tránsfuga y por eso eternal.
  Pero he aquí que el poeta se muere y un crítico de la capital, en el proceso de documentación para una Historia verdadera y postmoderna de la mierda y sus circunstancias y concepto en la poesía de márgenes y aldeas, se fijó en el profundo culo que se manifestaba con vitalidad cerril en cada uno de los versos del poeta preñados de mierda. Escribió una monografía titulada El ser-posible-ser-sentido-posible postmoderno. Por el culo más allá del nihilismo: del ser o la mierda; y caló tanto entre especialistas y escaparatistas, que el alcalde no tuvo más remedio que encargar el levantamiento de una estatua del hijo predilecto y poético en la Plaza Mayor. (¡Oh Plaza Mayor de los pueblos, ágora y culo de cada orgánulo geográfico de la cartografía social, Tarpeya de la humanidad ante la humanidad y centro neurálgico de barberías, cafeterías y farmacias, casas del hombre y de su pequeña grandeza de Plaza Mayor, oh!).
  En las fruterías no se hablaba de otra cosa. ¿No había sido el poeta un hombre del pueblo, es decir, una persona humana, un desleído anónimo ciudadano que solía entrar en la tienda casi con vergüenza y que con su tímido silencio no dejaba de entonar el abierto poema vacío en el que podían tener cabida las zapatillas de casa, las batas raídas y las anécdotas forunculares? Sin conocer ni una letra de sus libros (autoeditados con el culo), nadie dudaba de que aquel hombre había hecho de la simple humanidad una oda prosopopéyica de andar por las verdulerías, las barberías, las cafeterías y las farmacias, así que se merecía aquel monumento.
  Llegó el día de la inauguración. El alcalde intentaba descorrer la cortinilla que velaba al poeta.


[¡Ni es la de nuestro poeta ni se parece esta estatua a la suya, ay, qué pena!]

  El sencillo mecanismo se trababa. El pueblo murmuró. El concejal, impaciente y prosaico, le dio un tirón al trapo. Y por fin se descubrió la estatua, que estaba de culo; y estaba además el poeta en inestable equilibrio, de puntillas sobre un pie, como un danzante de Matisse o como si no quisiese pisar una mierda de perro descubierta en el último momento; y la tela se enganchó entre sus dedos mágicos, y por un instante la gente rió porque daba la sensación de que el poeta estaba a punto de limpiarse el culo con aquella gasa; pero esto duró poco, pues la estatua comenzó a inclinarse y al final cayó de espaldas y con el culo le abrió la crisma al recalcitrante edil que nunca había hecho caso al poeta laureado y que tan mal te caía, lector. ¡Poética justicia!

sábado, 31 de marzo de 2012

The Picture of Dorian Gray (1891). Oscar Wilde (1854-1900)


WILDE, Oscar. The Picture of Dorian Gray. Included in: The Complete Oscar Wilde. New York: Book-of-the-Month Club, 1996.  

[Oscar Wilde by Toulouse- Lautrec]                

               What is Oscar Wilde’s proposal with this bewildering book? Which of the various possible visions of life does he emphasize? It’s not so easy to ascertain: he enquires into different possibilities through the three main characters, who are, as Richard Ellmann puts it in his biography of the writer, but refractions of his own personality. Oscar Wilde himself expressed it with these words: “Basil Hallward is what I think I am: Lord Henry what the world thinks me: Dorian is what I would like to be in other ages, perhaps” (p. 301).

                The picture of Dorian Gray is a delicate study of life and Art, what they have in common and what separates them. But, above all, the book conveys a deep and intense love for life only comparable to Nietzsche’s, definitely tinged with profound anguish. The conclusion we are left with is that life is a precious gift, like everything it has to offer, although it often brings pain and unbearable sorrow.  It is full of wonders, pleasures, subtleties and sublime delights, though often there is a high price to pay for them. We could say it has an inescapable fatal attraction which lures us constantly to taste it.

                While reading this book, my mind wandered to Lampedusa and his The Leopard, equally full of love for life. Sicilian nobleman Don Fabrizio Corbera’s passion for life dominates the story, even though his whole world is disintegrating around him and he is becoming an old man. He now can’t enjoy all the pleasures any more but rejoices that his nephew, Tancredi, follows his path and exploits the pleasures of life with eagerness. The scene in which the young man and his beautiful fiancée chase each other around the huge mansion while discovering unimagined rooms, hidden corridors and closets is but a chant to life, beauty and youth.


[The Demoiselles d’Avignon by Picasso. 1907]

                         We find the same agonic hunger for life in The Portrait of Dorian Gray. There is no happy ending in this book, either, as one should expect. It is the process of living that is emphasized from an aesthetic point of view: no morals should interfere in wandering through life. Only the senses lead Dorian Grey and his mentor Lord Henry Wottom in search for beauty and its exquisite delights. Basil Hallward, the painter, has the opposite view: there are inner rules, certain actions are not acceptable, and there are moral principles. He strongly disagrees with his friends’ anarchic lifestyles and feels great sorrow for his beloved Dorian, who has chosen to follow Lord Henry’s cynical teachings.

                Around this triangle Oscar Wilde analyses many other aspects that give this book its full complexity and subtlety, for things are never as easy as they seem. Art surrounds the characters and their lives. All three are sensitive educated men. But we should say that there is one other protagonist: the perfect picture that Basil made of Dorian, a work of art, which remains hidden and unseen, but which seems to have a life of its own: it represents Dorian’s conscience, his soul, an ugly looking one which displays the horrid image of his actions and grows old and sinister-looking while Dorian continues being eternally young, graceful and handsome, a pleasure to everybody’s eyes. All those who meet him are fond of him and admire his fine looks and style. He doesn’t need to make great efforts, everything is granted to him. But he knows, and we know, that his real face is quite another, the one shown in the portrait, which tells of his sinful self-centered life in which there are even crimes: he kills a man, causes others to commit suicide or brings ruin to their lives. What do I care, why should this affect me, he asks himself once and again. But something bothers him constantly: the portrait, the evidence of his inner ugliness. He can’t stand looking at it, it is a mirror of his cruelty and selfishness, as well as his beauty.


 [Narcissus by Caravaggio]

                  Life must be lived to the fullest, drunk till the very last drop, Wilde seems to tell us through Lord Henry and Dorian or… maybe not? There is art, there is beauty, pleasures for the senses. But could it be that something else hides behind? Basil tells us there is more, something even more important: conscience.  However, his position offers doubts: he is in love with Dorian, who prefers Lord Henry’s company and guidance. Could Basil be jealous, maybe? And some of Lord Wottom’s mischievous comments linger in our minds: perhaps Basil is not intelligent and strong enough to enjoy life and simply stays away and can’t do much more than reflect it in his paintings. Another possibility is that he feels he shouldn’t dare touch (stain?) beauty and perfection, that he chooses not to mar it, precisely what he had in mind for Dorian.

               Both Lord Wottom (meaningful name, which sounds like “bottom”, the deepest and darkest parts) and Basil are fascinated by Dorian’s grace and beauty. Both decide to take on his education and for both it is a sort of experiment, a game perhaps. It is definitely so for Henry, who takes everything in life lightly, as a mere amusement.  Basil seems to take things more seriously and respectfully. He would never lay hands on Dorian, he just wishes to protect him and leave his perfect grace unaltered.

                But, can this possibly be done? Basil’s acts certainly have an effect: he paints the terrible picture which changes Dorian’s life forever; he is even responsible of Lord Wottom and Dorian’s acquaintance, for they met in his house (though this, too, he tried to avoid, well aware of the impact that Wottom could have on the young man). His worst fears came true: immediately Dorian was lured by Wottom’s influence and practically forgot about Basil. Years later, Dorian would tell Basil that only he could have saved him, but this never happened. His nature and his curiosity led him astray. It couldn’t possibly be otherwise.


[Decalcomania by Magritte. 1966]

                Isn’t this what life is all about? One has to follow his own path, Nietzsche was writing at about the same time. Life cannot stay still. Life is change, it’s renewal, it’s enquiry. And it involves “marring” (probably the word that Wilde repeats most frequently throughout the book), which implies getting old, losing one’s freshness and strength, making a lot of mistakes and learning, rejoicing and suffering during the process.  Beauty must be enjoyed before it fades, even if this causes it to wither, Wilde seems to say.

                Dorian Gray’s name is full of meaning: gold becomes grey, and loses its shine and splendour. Not even Art can prevent that. Nor a Faustian pact with forces of the dark. Life is more powerful than all.

Beautiful things mean only Beauty”.
All art is quite useless”, wrote Oscar Wilde in his preface (p. 11).

Art is but a pleasure of the spirit, we could add, one more of the pleasures life has to offer. Of course it, too, can influence and alter minds, just like both Lord Wottom and Dorian were changed after reading a book.

I put all my genius into my life; I put only my talent into my works. (Oscar Wilde to Gide).



sábado, 24 de marzo de 2012

BUTT CONTEST (1)

Who painted these buns? Can you name the picture?


Post your guess!
You can see the correct answer in the next issue of our BUTT CONTEST.

viernes, 23 de marzo de 2012

1. El culo del presidiario


  Si hay un culo trágico, en el sentido aristotélico, contumazmente arcano y al mismo tiempo arcón de boca mal cerrada para lo humano, ese es el del presidiario. Caprichoso y oscuro destino el suyo, alejado del culo del prófugo como un sapo de una bailarina. ¿Acaso este tiene algo que ver con el de quien lo patea en libre huida de los amos de rebenques y aparatos inquisitoriales? Podemos imaginar con gallardía el fértil y espontáneo culo de un Villon. ¡Qué espectáculo de febril gacela el de sus nalgas a la carrera en pos del siguiente verso! De taberna en taberna, su culo nos parece bravo y alquímico, capaz de destilar la mugre del mundo en espiritosas espiritualidades, ajeno a los dioses y sus olímpicos pedos. ¡Un fuerte aplauso!


  Pero, ¿qué belleza buscar en el culo de un Villon entre rejas? ¿Qué placer sacar de un culo encerrado? Como meter una caja en una jaula: la caja, hecha para encerrar, es ahora presa del continente oscuro. Por miedo, ya no se abre. Y nosotros, aburridos de su constricción atrofiada, preferimos mirar hacia otra parte. Es un culo deslucido y derrotado.

  De ahí su álgida humanidad: el culo perdedor ha caído en el cubículo de dioses más fuertes que los de la libertad. Y, así, el culo de Prometeo nos parecía de gran profundidad humanitaria mientras robaba el fuego; pero, una vez encadenado, ya es el hígado el que ocupa su lugar, como si de la fértil y espumosa diarrea del héroe hubiese pasado a la venenosa cirrosis del gris fracasado. De otros míticos culos podríamos decir lo mismo: titanes descarnados, Sísifos compadecidos con la debilidad del hombre, terminan su eternidad en nuestro olvido, en el cansancio que a nuestros ojos les causa sostener la mirada del ojo de sus culos inmortalizados en escleróticas restricciones e iteraciones. Esos culos padecen un estreñimiento desentusiasmador.

  Algo de esto le sucede al presidiario. Y, sin embargo, en su culo hay más, pues no ha conocido el promiscuo abono de la mezcla de lo humano y lo divino. No. El culo del presidiario provoca en nosotros conmiseración y estupefacción. ¿Qué de cosas no podría contar si hablase? En sus noches le caben los ensueños y pesadillas de los de su especie: y su culo está preñado de limas y barrenos, de martillos y palancas, de ganzúas y cigarrillos. Y también de más: es un butrón su culo en el que siempre podrá encontrarse clavado un cuchillo, como si fuese una artúrica espada empalando la fosilizada caca de la libertad. Su culo da pena y miedo: es el culo de todos nosotros.



  Destino de mierda, sin duda, pues tampoco nos apetece que ese culo, que saldrá mal sellado como un libro en el que se ha ido anotando la más sucia prosa del ser humano; ese culo, que ya se asemeja a la fachada trasera del antitemplo de Apolo en Delfos y que porta en las grietas de su fortaleza derribada estas runas: “He conocido demasiado” y “Todo ha sido un exceso insuficiente”; ese culo, que ha abandonado la Naturaleza y se ha transformado en una especie de mariconera para guardar el odio concentrado como pastilla de jabón Lagarto; ese culo, decimos, no queremos que vuelva a nuestros baños privados ni a los urinarios públicos, porque sabemos que mientras estaba en prisión no nos era ajeno, y la compasión hacía de nalga derecha y el terror de nalga izquierda: miedo del culo. Pero, ¿y fuera de la cárcel?

  No hay versos. Sólo hay tabernas. No hay tragedia. Sólo hay terror. Ya no hay palabras en ese culo sabio y reventado por la ausencia de dioses que obren con la repetición del castigo un placer. El culo del presidiario nunca más podrá cerrarse del todo, y por eso ha echado dientes, y, cuando se ríe, recrea una mueca macabra idéntica a un cínico signo de interrogación. Y las buenas personas no dejamos de pensar qué buen invento sería una guillotina de culos y qué miserables podemos llegar a ser, como si ser y miserable fuesen sinónimos.